AGOSTO, MES DOMINICO, SANTO DOMINGO NOS ENSEÑA LA LUZ A TRAVÉS DE LA ORACIÓN

“La luz dominica irradia en el mundo para guiar un sendero de verdadero amor”

El frescor de las mañanas del mes de agosto emitía un perfume de calidez y amor en el entorno; pues cuando las estudiantes de las diferentes comunidades del PECD iniciaban las alabanzas dominicas en el estrado principal, la magia envolvía el momento de conexión con nuestro Padre Celestial. Era vivir como lo hacía el buen orador Domingo de Guzmán, un modelo de espiritualidad a seguir, un padre dominico que nos dejó la luz de Cristo para que nosotras como dominicas sanmartinianas la mantengamos encendida y la llevemos por el mundo para transformar corazones que amen la palabra de Dios y la vivan en cada instante de sus vidas, sintiendo el calor de la fe. Asimismo, que conozcan de verdad a nuestro Cristo que nos da todo, un Cristo amoroso, que no se fija en nuestros defectos, porque nos ama con pasión y nos acepta tal y cual somos.

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EN LA FAMILIA DOMINICA SANMARTINIANA, UNA ROSA CON AROMA DE VIRTUDES NOS INVITA A SEGUIR LA LUZ DE CRISTO

“Pétalos de una Rosa que encierra un sinfín de virtudes que florecen día a día y nos llaman a seguirla”

sr1El silencio y la armonía de la mañana del 29 de agosto se propagó por cada rinconcito de nuestra recinto del saber, momento en el cual, ingresó una bella Rosa vestida de una espiritualidad dominica sin igual, que embebecida por el amor a Cristo buscaba alejar de su vida todo tipo de tentaciones que no la dejaban vivir en paz y la perseguían susurrándole al oído que se alejase de Cristo, pero ella firme en su fe y su amor infinito al Padre Eterno logró alejar de su vida a esos seres que la agobiaban, triunfando su amor.

La escena presentada por las estudiantes fue muy reflexiva para la familia dominica sanmartiniana, pues, Dios nos llama a su encuentro, a vivir su paz, su amor y la belleza de la vida, brindándole un tiempo de calidad a través de la Oración, la Eucaristía y alabándolo con el corazón como lo hizo nuestra Santa.

Vivificar a Santa Rosa, es transmitir perfume de virtudes que lleguen a los corazones de cada miembro de nuestra familia, para que sientan la calidez de Cristo y que en cada uno nazca un amor altruista, que busque la luz y la verdad para encaminarse en la búsqueda de un vivir nuevo y transformador de mentes y corazones con fuertes rasgos de nuestros Santos Dominicos.

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